ARTEZ nº 204 (Mayo/ Junio 2015)



ISBN: ARTEZ 204

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Insistiremos en señalar algo que viene muy bien recordar en esta campaña electoral para nombrar a quienes van dirigir los destinos de municipios y gobiernos locales. La inmensa mayoría de los edificios públicos destinados a las prácticas escénicas son de titularidad municipal, al igual que un porcentaje muy elevado de la gestión de los mismos. Es así, pero en ninguna ley ni reglamento les obliga a ello nada ni nadie. Se realizan estas inversiones en construcción, estos gastos presupuestarios en gestiones y programaciones dentro de una figura que se denomina "competencias impropias". Las realizan por decisión propia, pero pueden dejarlas de hacer si el presupuesto, el talante o la mayoría política así lo decide, sin que nadie les pueda reclamar nada legalmente.
Estamos, pues, ante una inseguridad, ante un vacío legal que no se resuelve solamente con una promesa electoral, sino que debe ser un compromiso político que vaya más allá de las próximas elecciones del 24 de mayo, al que se le añada presupuesto, porque de lo contrario seguiremos con lo que sucede con demasiada frecuencia actualmente. Tenemos edificio, cada vez en peor estado por su uso limitado y sus escasos recursos para el mantenimiento de las instalaciones, tenemos una gestión parcial, es decir a cargo de un funcionariado que se dedica a otras múltiples funciones, pero no se dota del presupuesto imprescindible para su funcionamiento, para su programación, ya sea a base del pago de cachets, o al menso para la difusión, publicidad y todas esas otras acciones que deberían acompañar de manera ordinaria al hecho de rellenar la hoja de programación con lo que se encuentre por ahí barato, en oferta o regalado.
La inexistencia de ley alguna de cualquier ámbito en donde se regule el funcionamiento de estos edificos, nos lleva a una falta absoluta de criterios, de organización, de planes, de objetivos y de obligaciones a las que se comprometan las instituciones que deberían intervenir en cualquier acción cultural medianamente panificada. Está claro que la constitución vigente, la España de las Autonomías, los diferentes estatutos, las leyes de régimen local, la existencia de unas diputaciones que no acaban de tener una función clara y, sobre todo, homogénea en cuanto a sus dedicaciones a lo cultural y lo teatral en concreto, nos coloca ante un laberinto sin escapatoria. 
Pero los partidos concurrentes a estas elecciones, los de viejo cuño, los emergentes, las coaliciones electorales, no acaban de fijar una postura adaptable a todas las circunstancias. Seguimos en se territorio de la vaga promesa generalista, sin concretar, con propuestas espumosas, sin un valor práctico previsible, lo que viene a instaurarnos en un pesimismo que se acrecienta ante esta vacuidad tan sideral.
Se han escuchado las típicas bravatas delirantes, las promesas de difícil cumplimiento, las generalidades que a nada apuntan ni comprometen, y repasando algunos avances sinopsis de programas se pasa por encima de los cultural con tres tópicos y sobre la cultura en vivo, las artes escénicas, con un desconocimiento abisal. Por lo que seguiremos instalados en esa imposibilidad real de que los edificios, la infraestructura depende de unos, en cada lugar de unos diferentes, en la comunidad autónoma tienen sus propuestas clientelares en base a criterios contables y numéricos y conforme se asciende en la s instituciones todo se diluye en reglamentaciones oportunistas, puntuales y sin un sustento general de una ley o un proyecto integrador, que desde luego no se puede resolver en esa instancia tan abstracta que llamamos Europa o Unión Europea donde sabemos que usan en algunos países nuestra misma moneda, pero que sus leyes son troncales, hay una conciencia social, política y cultural consolidada que durante décadas ha creado infraestructuras llenas de contenidos, y por lo tanto públicos, que no son de oleada, sino ciudadanos formados, que aman sus creaciones a las que apoyan desde la crítica.
No por todas las deficiencias y vacíos vamos a dejar de hacer teatro, informar de lo que se hace, verlo, criticarlo, disfrutarlo o simplemente ignorarlo que es lo que hace la inmensa mayoría de nuestros paisanos. Porque la falta absoluta de políticas pensadas, elaboradas desde el pensamiento y no desde la coyuntura más adherido a su valor venal, nos tiene en una situación de insuficiencia creativa, de falta de riego, de públicos cuya pirámide de edad se corresponde con la general, es decir muy envejecida, pero que parece dar por perdida la incorporación de varias generaciones de ciudadanos como públicos habituales, entendiendo esta habitualidad con mucha generosidad, pongamos de una a seis veces al año como una medida razonable.
Por lo tanto deberíamos empezar a hacer una autocrítica eficaz, no de golpes de pecho, ni de aspavientos, ni de negaciones globales, sino de añadir a la realidad de las competencias impropias, las incompetencias propias, es decir que todos los estamentos que concurren al hecho teatral, cada uno desde su relevancia decida analizar su realidad, su funcionalidad y ponerse a trabajar en común, no penando en salvar las elecciones, ni en que hay que llenar teatros, o hay que dar de comer a muchas familias que viven de esta actividad que además de cultural es, obviamente, económica, sino cambiando la mirada absolutamente, dignificando cada uno su profesión incardinándola dentro de una función mucho más ambiciosa en el ámbito de lo cultural, de lo ciudadano, de lo imprescindible, de lo intangible necesario, lo que nos hace felices más allá de lo posesivo: por ahí encontraríamos caminos de solución, pensando en mayúsculas, con un proyecto común de largo alcance, a desarrollar en varios años para lograr una regeneración cultural, muy específicamente en el campo de las Artes Escénicas que vaya en paralelo con la necesaria e imprescindible regeneración política que parece vislumbrarse.
Desde Artezblai y desde todas sus actividades, edición de libros, de esta revista, del periódico digital www.artezblai.com, estamos dispuestos a colaborar en la medida de nuestras pocas fuerzas a ese cambio. Lo hemos propuesto por activa y por pasiva. Como es natural no nos hacen mucho caso. Lo cómodo es vivir cada uno en su mediocridad sin riesgos. Pero insistiremos hasta quedarnos sin voz. Por convencimiento ya que damos por agotado el sistema actual del que nos hemos ido dotando por superposición de parches y componendas y que impide un desarrollo adecuado acorde con las necesidades de nuestra sociedad. Lo decimos una vez más porque nada esperamos personalmente más allá de esperar mejoras para todos y de nuestra vinculación histórica con la realidad de las artes escénicas sin sectarismos.

ARTEZ 204

Ficha técnica

Editorial
Artezblai

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