Terrenal. Pequeño Misterio Ácrata



ISBN: 9871155956

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Perfilados claramente, Terrenal tiene un Caín y Abel enfrentados; el primero, productor agrícola (de morrones), sostiene: “Sagrado el capitalito”. Y explica su función en la mitad del loteo que eligió tiempo atrás: “¡Marco! Mido y marco. Y delimito. Lo del uno y lo del otro. Lo suyo y lo mío. Esto no es trabajar [el día domingo,] esto es honrar a Tatita: marco lo propio. Divina propiedad”. Para Abel –que no cultiva: vende carnadas para pesca–, en cambio, pelearse y luego lamentarse por la mitad del terreno ocupado son, justamente, “minucias terrenales”: “En cualquier mitad la isoca mía se criaba lozana. Hosanna. La derecha la eligió usted”. Y lanza: “El trabajo es el vicio de los que no sirven para otra cosa. Si será dañino que hasta pagan por hacerlo…”.

Cuando llegue (regrese) el Tata, actuará como mediador –previa explicación de su ausencia… por veinte años–, prefiriendo, al mismo tiempo, la ofrenda de Abel (ir a una fiesta, con asado, música y bebida), y profiriendo una sarta latiguillos, dichos populares y refranes, cruzados por paronomasias (“El buey solo bien salame” como conclusión cuando Caín se niega a acompañarlos a la fiesta –“Te vas a quedar solo como loco malo”–), retruécanos y “consejos”: “Caín querido: el que no posa cerquita no sale en la estampita”.

Finalmente, ante el crimen, el Tata será no solo un familiar sino el demiurgo del universo todo, despotricando contra el accionar humano: “Ustedes solo tenían que estar. Escuchar la música celeste y estar. Escuchar la armonía y bailar. Los puse acá a que escuchen y bailen y vos infeliz te pusiste a edificar una peña con boletería y marquesina. A cobrar entrada y a pelear por cartel”. Ante la insistencia de Caín por el sentido de los mandamientos adjudicados al Tata (el bíblico “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”), este responderá, airado: “¡La música! Yo solo escribo las músicas, pelele. Notas para hacer bailar. ¡Pulsos! ¡Latidos! ¿Para qué mierda sirve la letra? Para distraer del baile. Para ensuciar las notas con acentos mal puestos. Yo música pura. La música del universo. Yo concierto. Las letras las encajan los monos. Se trata sólo de entender, pero los monos ¡Explicar! ¡El libro! ¡La palabra! Cosas de ustedes… Andá reclamale a los monos”. Y sigue: “Turistas pintando su nombre con brea en las rocas del panorama. Arruinadores del paisaje… Los pongo a girar el pericón y me lo paran para decir relaciones. La música es el contenido, cuándo la van a entender”. Son argumentos de un profundo humanismo, vital, contra el racionalismo y la (mala) “cultura”, entendida como letra muerta (“operativa”) que genera confusión, eslóganes y frases hechas.

Cuando Caín exclama, tras dar muerte a Abel, “¡Dios! Soy un fratricida…”, y Tatita le responde: “Más quisieras. Genocida sos, cretino: ejecutaste a todo el resto de tu pueblo”, se encuentra una muestra, un momento, de perfecta mezcla/combinación de “lo arcaico” (el mito bíblico de Caín y Abel) con “lo moderno” y actual (cuestiones y discusiones políticas contemporáneas y universales: el genocidio), articulado con la “argamasa” de una lengua viva (y vivaz, picaresca, chúcara, lo que hace a una de las facetas del humor que hay a lo largo de Terrenal).

9871155956

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