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Revista ARTEZ nº 200



ISBN: ARTEZ 200

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La verdad es que asusta. Poder confeccionar el número 200 de ARTEZ tiene su miga. Se puede ver desde la parte euforizante, la del deber cumplido, también la de las ilusiones convertidas en realidades, pero en estos momento simplemente me viene a la cabeza que son doscientas facturas de imprenta. Doscientas facturas de envíos. Como ven me sale mi parte más poética.
Porque ver en la hemeroteca los doscientos números, de los cuales soy directamente responsable de ciento noventa y dos, aunque desde el primero apareciera mi firma informando u opinando sobre teatro, provoca un cúmulo de sensaciones, las imágenes de aquellos primeros meses, en Elorrio, en un lugar inverosímil para que existiera una redacción, donde no podíamos, literalmente, ni ponernos de pie por su escasa altura hasta nuestro actual local de Bilbao, en donde, por desgracia, hoy en día, sobra espacio porque como todo ente vivo nació, creció, se desarrolló, se peleó, dio un estirón, se estabilizó y empezó su adelgazamiento que parece haberse parado. Parece. Esto no es ciencia.
Desde los que la iniciaron con unas intenciones localistas hasta hoy, muchas personas han dejado parte de su vida en ella. Podríamos hacer hasta una cuenta de cuantos directores generales hemos sufrido. ARTEZ es todavía una realidad, pero además de esta revista, todo lo que se ha generado a su alrededor, desde su misma existencia, como gran madraza de una editorial de textos dramáticos, de un periódico digital sobre las Artes Escénicas, que nació como Portal y fue pionero, hasta la Librería Yorick, sin olvidarnos de un premio Internacional de Investigación que es una de nuestras actividades más queridas y, por cierto, prestigiada internacionalmente porque hemos tenido la suerte de premiar y editar libros en estas siete ediciones que con el paso de los años se han hecho imprescindibles.
No nos vamos a quejar, pero tampoco estamos para muchas celebraciones. Lo hecho, hecho está. Lo que nos queda por hacer depende tanto de las pocas ilusiones que nos han dejado estos años de trabajar bajo mínimos, como de los impulsos externos y la conciencia y compromiso internos que no nos dejan irnos del todo, como cualquier asesor financiero o sicólogo nos recomendaría. El cuerpo pide tregua, pero la coyuntura nos dice que debemos aguantar hasta el último suspiro. Y el último suspiro quizás no sea solamente otro frenazo económico, sino un nuevo gesto despreciativo de alguna entidad, institución o asociación. De las personas esperamos lo que esperamos. Nada más.
No podemos malgastar doscientas editoriales, en cosas menores. No vamos a estar pelando doscientos pagos de la seguridad social más contra una situación estancada, empobrecida, en la que parecemos estorbar o que se nos consiente vivir como una especie a conservar en un zoológico. No, no será el ahogo económico el que nos impida seguir, sino el cansancio, la falta de motivación, la sensación de formar pare de un pasado que nunca volverá.
Lo hemos dicho varias veces, pero si mañana decidimos cerrar, algunos lo celebrarán. Brindarán con su propia hiel, su envidia y su incapacidad para aceptar que algunos intenten ser independientes, libres, por encima de todo para poder ejercer mejor su función. Tenemos enemigos propios, sobrevenidos y quienes se dan importancia intentando ser nuestros enemigos. A esos los despreciamos olímpicamente. Nos cuesta mucho alimentar a nuestros enemigos de cabecera, a los que merece enfrentarse, como para atender a los oportunistas.
Lo peor de todo no serán los amigos tibios que nos darán palmadas en la espalda mientras lamentan en las redes la desaparición de una revista de teatro, que harán sus manifiestos sentidos con rango de obituario. Lo peor son los indiferentes, los que ni siquiera saben que hemos realizado doscientas portadas, con información puntual, con crónicas universales y opiniones solventes de intelectuales de las artes escénicas del mundo entero. Esos, que probablemente sustentarán cargos o serán directoras famosas o actores premiados, son los que hacen daño a toda la profesión. Los que viven solamente en su mundo, infectados hasta la médula del virus del égola, siempre manteniendo sus relaciones peligrosas y oportunistas con los poderosos circunstanciales.
Asumimos sin tapujos nuestra realidad. Somos un milagro en este contexto. Nos creemos útiles, sabemos que debemos mejorar. Bueno, quizás con no empeorar más, ya valdría de momento. Y mientras tengamos un poco de aliento, motivaciones y compromisos adquiridos, seguiremos. Seguro que cambiaremos algo, debemos cambiar. Y a fecha de hoy si esta maravillosa rutina de los doscientos números de ARTEZ nos parece tan importante como terminal, la edición de libros empieza a darnos satisfacciones y la del periódico digital www.artezblai.com, funciona con una repercusión suficientemente considerable en toda la Comunidad Iberoamericana de las Artes Escénicas.
Las cifras son importantes, pero es necesario mantener cada día abiertos todos lo canales de información, la redacción, maquetación, administración, distribución y el mundo ha cambiado. Y mucho. Y no siempre para mejor. Vemos que han nacido decenas de revistas digitales. ¿Es el futuro o ya el pasado? ARTEZ se puede consultar desde el año 2011 en la web, pero si no apareciera en papel, ¿no sería la renuncia final? No seamos agoreros.
Lo que más se han deteriorado en estos años es el concepto de periodismo, de información. Hoy copiamos y pegamos, reproducimos, no elaboramos. Servimos de canal pero hay demasiados canales superpuestos. No quedan nada claras la delimitaciones. Las redes sociales en las que estamos, utilizamos y de las que nos nutrimos son un cambio sustancial, pero puede que nos sea para mejor, sino para mayor confusión.
Celebramos con todos cuantos han pasado por ARTEZ desde el número uno hasta este doscientos y les agradecemos a todos su colaboración, desempeño de funciones, inspiración, apoyo y solidaridad. Sin los que arrancaron el número uno, no hubiéramos llegado hasta aquí. Sin aquellos que apostaron en los momentos más incipientes tampoco. Ha cambiado mucho el panorama, pero aquí seguimos, intentando encontrar la menor excusa para seguir pagando facturas de imprenta, nóminas. Sin más aspiraciones que la de seguir sirviendo a las artes escénicas. Con ellas hemos crecido. A algunos les habremos ayudado en su caminar, a otros les habremos dado muevas pistas. No creemos que hayamos sido decisivos para que nadie abandone, no hemos frecuentado lo negativo. La crítica sí. En ocasiones feroz contras las instituciones y en ocasiones, las personas al frente de las mismas. Esta es nuestra demagogia: 200 números.

ARTEZ 200

Ficha técnica

Editorial
Artezblai

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